01/07/2013
Habemus papam

habemus

Fue una sorpresa cuando desde el balcón de San Pedro, el Cardenal Tauran anunció: “… Habemus Papam: Giorgium Marium Ecclesiae Sanctae cardinalem Bergoglio”. Y todavía causó más sorpresa entre los jesuitas. Durante el cónclave, y sin duda tampoco en la prensa y los comentarios de los expertos que se pudieron leer en la prensa o ver en la televisión, nada hacía pensar en que esto sería así.

Aunque los jesuitas, como otros, expresaron sus preferencias en conversaciones privadas, no recuerdo haber conocido a ningún “fan” de Bergoglio… Contrariamente a lo que algunos creen o escriben, los jesuitas no suelen promover activamente a los suyos y no actúan como un lobby en el Vaticano… Sin embargo, lo paradójico es que la Compañía de Jesús nunca había tenido una representación tan escasa en un cónclave. De los dos cardenales jesuitas con derecho a voto, el indonesio Julius Darmaatmadja estaba ausente por motivos de salud y el segundo no era otro que Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires. Y ese único jesuita presente en el cónclave fue elegido Papa…

El pasado nos enseña muchas cosas: a pesar de lo que se dice y se escribe acerca del “poder y la influencia” de los jesuitas en el Vaticano, solo dos de ellos han sido en algún momento candidatos de peso a ocupar la cátedra de San Pedro: el (ya santo) Cardenal Roberto Belarmino, en el siglo XVII y, si los rumores son ciertos, el Cardenal Carlo M. Martini, arzobispo retirado de Milán, en el cónclave de 2005. Además, la vuelta de un “religioso” a la cátedra de San Pedro tampoco era algo que se esperara: el último Papa miembro de una orden religiosa fue un benedictino, Gregorio XVI, que fue elegido en 1831.

Sibi … nomen imposuit Franciscum: la elección del nombre fue sorprendente. Llegaba como un aliento de Pentecostés en mitad de la Cuaresma. Y aún más, su decisión estuvo seguida de muchas señales, simbólicas quizás, pero que dan qué pensar. FRANCISCO. Uno piensa inmediatamente en el Poverello: Francisco de Asís es uno de los santos más queridos por los cristianos y mucho más allá de los círculos de la Iglesia Católica. Es el patrón de Italia y venerado por los seguidores de otras religiones. No es una coincidencia que las dos grandes reuniones religiosas (con Juan Pablo II y Benedicto XVI) se celebraran en Asís. A algunos les sorprendía que ningún Papa hubiera adoptado su nombre. De hecho, el santo de Asís es el primer “Francisco” de la historia. El joven Bernardone, nacido durante una ausencia de supadre, un rico comerciante de telas, que estaba de viaje por Francia, fue bautizado con el nombre de Giovanni. Tras su vuelta a Asís, y muy satisfecho con lo que había conseguido en Francia, el entusiasta papá Bernadone llamó a su hijo Francesco (francesito). Se trata de un nombre relativamente reciente (siglo XIII), y Giovanni Bernardone fue el primero en llamarse Francisco.

Sin embargo, durante su formación como jesuita, Bergoglio recibió el alimento espiritual de otro Francisco. Conoce bien a San Francisco Javier, uno de los más estrechos colaboradores de Ignacio de Loyola.

Resulta difícil creer que no fue consciente de ello. San Francisco Javier es EL misionero, el que superó las fronteras del mundo cristiano de su tiempo para proclamar a Cristo. Cuando el Papa Francisco invita a los sacerdotes, como hizo durante la misa del 28 de marzo, a “salir a las periferias, a llevar el Evangelio a quienes no tienen nada, donde existe el mal, la injusticia y la ignorancia”, estamos ante el mismo movimiento misionero.

Las fronteras de la Iglesia y las periferias del mundo cristiano no pertenecen al ámbito de la geografía. Tienen que ver con otras realidades, las realidades existencias, culturales, socioeconómicas y religiosas donde los valores del Evangelio no están suficientemente presentes. Podemos pensar, por ejemplo, en la prevaleciente indiferencia hacia la religión, en las ideologías de la muerte, en la creciente marginalización de los débiles y vulnerables y en el desafío del diálogo interreligioso.

No resulta irracional sugerir que el Cardenal Bergoglio aceptó su elección de una sencilla forma ignaciana, es decir, como una “misión” al servicio de los cristianos y su Iglesia, incluso cuando esa misión, en su caso particular, tenga unas dimensiones extraordinarias y excepcionales.

Cuando hizo sus votos definitivos en 1973, el joven sacerdote jesuita tomó un voto especial de obediencia al Papa “en relación con las misiones”. En las circunstancias actuales, ¿no ha sido acaso el cónclave quien ha expresado la voz de la Iglesia confiando una misión especial al Cardenal Bergoglio para que la gobierne y guíe la barca de Pedro? Por suerte, el Papa Francisco, antiguo maestro de los novicios y Provincial jesuita, es plenamente consciente de la dimensión ignaciana de cualquier movimiento religioso – lo que se denomina cura personalis y enfatiza el diálogo interpersonal y la colaboración en el gobierno de la Iglesia. A este respecto, el hecho de que prefiriera inmediatamente el título de Obispo de Roma en lugar de cualquier otro – evitando el de Romano Pontífice – sea quizás especialmente revelador. El Papa es, ante todo, el sucesor de San Pedro como obispo de Roma. Ese título es significativo y conlleva muchas esperanzas. El diálogo ecuménico debe reiniciarse sobre unas nuevas bases. A los demás cristianos podría resultarles más fácil reconocer la supremacía del sucesor de San Pedro si el ministerio de la unidad y la comunicación se ejercen en adelante de forma diferente.

Estas son tan solo algunas ideas sencillas y muchas esperanzas también… Nacieron esta Pascua, y nos estamos acercando a la celebración de Pentecostés, momento en el que Pedro, el pescador de Galilea, se dirigió valientemente al pueblo de Jerusalén y dijo, citando las Escrituras: “En esos días, “Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños”(Hechos 2:17). Yo ya no pertenezco a los “jóvenes”, y aunque espero no ser tampoco un anciano, no tengo prohibido tener visiones y sueños.

El Papa Francisco saluda al Superior General Jesuita, Adolfo Nicolás (SJ), el domingo en la Casa Santa Marta.

“A invitación personal del Papa Francisco, acudí a la Casa Santa Marta, que había sido utilizada por los cardenales participantes en el cónclave, a las 17.30 horas. Él estaba en la entrada y me recibió con el habitual abrazo jesuita. Nos hicimos algunas fotos, a petición suya, y disculpándome por no seguir el protocolo, me insistió en que le tratara como a cualquier otro jesuita, tuteándole, por lo que no tuve que preocuparme por tratamientos como Su Santidad o Santo Padre. Puse a su disposición todos los recursos de los jesuitas porque en ese nuevo puesto va a necesitar consejo, reflexión, personas, etc. Me mostró su agradecimiento por ello y aceptó nuestra invitación para un almuerzo en la Curia”, comentó el Padre Adolfo Nicolás.

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Etienne DEGREZ (SJ) es un antiguo alumno del Collège Saint-Michel de Bruselas, Bélgica. Tras su noviciado en Arlón (Bélgica), estudió filosofía y sociología en Lovaina (Bélgica). En 1971, viajó a la India, estudió bengalí (en Calcuta) y teología (en Pune, cerca de Mumbai). Se ordenó en junio de 1976 (en la iglesia del Collège Saint Michel), regresó a Calcuta, donde estuvo al frente del “Centro Juvenil Shanti Nir” durante varios años. Se trata de un centro para jóvenes desfavorecidos situado en los arrabales del sur de la ciudad. Al mismo tiempo, se encargaba de la educación de los jóvenes jesuitas en Calcuta. De 1997 a 2006 fue Viceprovincial de la India en Nueva Delhi. De 2003 a 2012, fue Comisionado Asistente para los hogares y trabajos internacionales de la Compañía de Jesús en Roma. Pronto se incorporará a un nuevo puesto en Katmandú (Nepal), donde se volverá a encargar de la educación de los jóvenes novicios jesuitas.