De la memoria a la misión: por qué los líderes alumni deben estar en Yogyakarta

Entrevista con Hugo Alonso Pacheco Canny
Para muchos antiguos alumnos jesuitas, la vida alumni comienza con la memoria: un colegio o una universidad, maestros inspiradores, amistades para toda la vida, retiros, deportes, símbolos, experiencias espirituales y valores sembrados silenciosamente durante los años de formación.
Pero hoy, la memoria por sí sola ya no es suficiente. En todo el mundo, las asociaciones de antiguos alumnos jesuitas enfrentan una pregunta más profunda y exigente: ¿qué estamos haciendo, juntos, con la formación que recibimos?
Esta es una de las convicciones centrales de Hugo Alonso Pacheco Canny, Past Presidente de ASIA San José Arequipa en el Perú, CEO y Fundador de AlumniSJ, y Coordinador de Interacción de UASIALAC. Para él, el XI Congreso de WUJA en Yogyakarta representa mucho más que otro encuentro internacional. Es una oportunidad para que los antiguos alumnos jesuitas se redescubran como una comunidad global unida no solo por un pasado compartido, sino por una misión común.
Según Hugo, cada antiguo alumno se identifica naturalmente primero con su propio colegio, universidad, promoción, asociación o comunidad local. Sin embargo, esa pertenencia local forma parte de algo mucho más grande. A través de continentes, culturas y generaciones, la educación jesuita ha formado mujeres y hombres llamados al liderazgo, al servicio, a la justicia, al discernimiento, a la integridad y al cuidado del bien común.
El papel de WUJA es precisamente reunir a esta comunidad mundial y ayudar a transformar una herencia compartida en un futuro compartido. En palabras de Hugo, el desafío no es crear desde cero una nueva identidad de antiguos alumnos jesuitas, sino reconocer la identidad que ya está viva y organizarla para el bien.
Un Congreso que comienza antes de empezar
Lo que hace único a Yogyakarta, cree Hugo, es que el Congreso ya ha comenzado.
A través de sesiones regionales de escucha, encuestas, conversaciones con jóvenes antiguos alumnos, reflexiones sobre identidad y la preparación de un Manifiesto Global de Identidad Alumni Jesuita, los participantes han sido invitados a discernir juntos antes de llegar a Indonesia.
Más que simplemente asistir a presentaciones, los líderes alumni están siendo llamados a contribuir a un proceso global de discernimiento: quiénes son hoy los antiguos alumnos jesuitas, qué valores los forman, cómo están llamados a servir y qué tipo de comunidad global están dispuestos a construir después del Congreso.
Para Hugo, esto lo cambia todo. El Congreso no es simplemente un evento al que se asiste; es un proceso en el que cada región, asociación y líder tiene la responsabilidad de participar. Un evento se mide por la asistencia, las fotografías y las emociones. Un movimiento se mide por lo que queda después: redes activas, compromisos, grupos de trabajo, liderazgo joven, proyectos de servicio, colaboración y continuidad.
Por eso, Yogyakarta puede convertirse en un punto de inflexión para WUJA si se entiende no como un destino final, sino como un punto de partida y de misión.
La identidad debe convertirse en misión
El liderazgo dentro de las asociaciones de antiguos alumnos jesuitas no puede limitarse a conservar estructuras, organizar reencuentros o celebrar aniversarios.
El desafío más profundo, dice Hugo, es transformar la identidad en misión, el afecto en colaboración, la memoria en servicio y las redes dispersas en una comunidad organizada capaz de servir con mayor eficacia.
Para él, los antiguos alumnos jesuitas no son solo beneficiarios de una educación recibida en el pasado. Son uno de los frutos más visibles de la formación jesuita en la sociedad. Sus vidas, decisiones, trabajo profesional, compromisos familiares, liderazgo público y servicio pueden convertirse en un testimonio vivo de lo que la educación jesuita es capaz de formar.
“Los antiguos alumnos jesuitas somos la formación recibida hecha testimonio”, afirma Hugo.
Por eso, el llamado del Padre General Arturo Sosa, SJ, a que los antiguos alumnos se conviertan en “socios en la misión” es tan importante. Nos invita a ir más allá de la nostalgia y del orgullo institucional, y a asumir una verdadera corresponsabilidad en la misión desde la realidad laical, profesional, familiar y ciudadana en la que vivimos cada día.
La pregunta no es solo si estudiamos en una institución jesuita. La pregunta es si nuestras vidas siguen haciendo visible esa formación.
Responder al mundo de hoy
Hugo habla desde la experiencia de América Latina y el Caribe, una región marcada por profundos vínculos comunitarios, fuertes memorias alumni y gran afecto por los colegios jesuitas, pero también por desafíos muy serios: desigualdad, corrupción, violencia, migración, fragilidad institucional, fragmentación social y pérdida de confianza.
Sin embargo, estas realidades no se limitan a una sola región. En todo el mundo, las sociedades están cada vez más marcadas por la división, la desconfianza, la soledad, la superficialidad y la incertidumbre. En este contexto, el movimiento de antiguos alumnos jesuitas no puede permanecer solo como una red de exalumnos. Debe convertirse en una comunidad de testigos.
Para Hugo, uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo no es solo una crisis de instituciones o estructuras, sino una crisis de testimonio. El mundo necesita hombres y mujeres cuyas vidas hagan creíbles los valores que proclaman: integridad, justicia, discernimiento, compasión, servicio y compromiso con el bien común.
Ahí es donde los antiguos alumnos jesuitas pueden ofrecer una contribución poderosa. Si la identidad recibida en colegios y universidades se convierte en liderazgo ético, mentoría, servicio social, acompañamiento a jóvenes y colaboración organizada, entonces las comunidades alumni pueden convertirse en una verdadera fuerza de esperanza.
Dicho de manera sencilla: no basta recordar el bien que recibimos. Ahora toca organizar el bien.
Los jóvenes alumni no son el futuro en abstracto
Para Hugo, uno de los temas más importantes para WUJA y para las asociaciones de antiguos alumnos del mundo es la participación real de los jóvenes alumni.
Los jóvenes no pueden ser tratados como una presencia decorativa ni como “el futuro” en sentido abstracto. Ya son el presente que puede renovar hoy nuestras comunidades alumni. Necesitan ser escuchados, acompañados y recibir confianza con responsabilidad real.
La renovación de las asociaciones alumni no ocurrirá solo hablando de los jóvenes. Ocurrirá cuando los jóvenes antiguos alumnos sean invitados a liderar, proponer, discernir, servir, tomar decisiones y ayudar a dar forma al futuro del movimiento.
Por eso, Yogyakarta no debería hablar solo a los jóvenes alumni, sino también crear espacios para que ellos hablen, contribuyan y regresen a sus países con una misión concreta.
De la inspiración a la acción
Para Hugo, asistir a Yogyakarta es, por tanto, un acto de liderazgo.
Las relaciones, la confianza y la colaboración no se construyen únicamente a través de documentos, mensajes o reuniones en línea. Crecen a través del encuentro: escuchándonos unos a otros, compartiendo experiencias, rezando juntos, descubriendo culturas distintas y reconociendo que, debajo de lenguas y realidades diferentes, los antiguos alumnos jesuitas comparten una misma raíz ignaciana y una misma llamada al servicio.
La presencia física importa porque una comunidad global no se construye solo intercambiando información. Se construye creando confianza.
Al mismo tiempo, Hugo cree que WUJA también debería encontrar formas de escuchar a quienes, por razones serias, no puedan estar físicamente presentes en Yogyakarta. Algunos líderes alumni, jóvenes, asociaciones y comunidades quizá no puedan asistir por motivos de distancia, salud, responsabilidades familiares, deberes profesionales o limitaciones económicas, y aun así pueden tener contribuciones valiosas que ofrecer. Un Congreso verdaderamente global debería animar con fuerza la participación presencial, pero también abrir caminos complementarios para recibir testimonios, reflexiones escritas, mensajes grabados o participación virtual en momentos clave.
Esto no reemplaza el valor de estar presente. Amplía el alcance del Congreso y hace más visible su espíritu universal.
El verdadero éxito del Congreso no se medirá solo por la calidad de sus sesiones, sino por lo que los participantes lleven de regreso a casa: redes más fuertes, compromisos renovados, iniciativas de liderazgo joven, alianzas más cercanas con instituciones jesuitas, proyectos concretos de servicio y un deseo real de seguir trabajando juntos después de Yogyakarta.
Construir el próximo capítulo
Mientras WUJA celebra su 70º aniversario, Yogyakarta ofrece algo más que una oportunidad para honrar el pasado.
Es una invitación a dar forma al futuro.
Para Hugo, los líderes alumni tienen una responsabilidad única: llevar el espíritu del Congreso de regreso a sus asociaciones, regiones y países, traduciendo la reflexión compartida en acción concreta y ayudando a las nuevas generaciones a descubrir su lugar dentro de la familia ignaciana global.
Esto significa pasar del evento a la continuidad, del discurso al testimonio, de la pertenencia afectiva a la participación activa y de las redes dispersas a una comunidad mundial de antiguos alumnos jesuitas organizada para la misión.
También significa fortalecer la relación entre antiguos alumnos, colegios, universidades y obras jesuitas. Los antiguos alumnos no deben ser vistos como una comunidad externa o secundaria. Son frutos vivos de la formación jesuita, testigos visibles ante la sociedad y aliados naturales para servir a la Iglesia y al mundo.
Para Hugo, este es el próximo capítulo que WUJA está llamada a ayudar a escribir: un movimiento alumni global capaz de conectar personas, asociaciones, regiones, talentos, profesiones, generaciones y oportunidades de servicio en una misión compartida.
Su mensaje es simple y convincente:
Vengan a Yogyakarta porque este puede ser el lugar donde los antiguos alumnos jesuitas de todo el mundo dejen de reconocerse únicamente por la memoria de lo que recibieron, y comiencen a organizarse, juntos, para servir a la misión, a sus pueblos y al mundo.
Porque Yogyakarta no es simplemente un destino.
Puede ser el lugar donde la memoria se convierte en misión, la identidad se convierte en testimonio y la comunidad alumni jesuita comienza a organizar el bien.
